El tiempo sigue pasando volando. Ya queda poco más de una semana en julio. A pesar del calor, ojalá pudiera quedarme en julio más tiempo. Es que soy muy consciente de que agosto conlleva muchos cambios. De hecho los cambios ya están. Hace unos días empecé a actualizar el currículum y dedico unos minutos todos los días a ver nuevas oportunidades de trabajo, teniendo muy en cuenta las fechas limites para postularse al puesto. También paso una o dos horas trabajando en mi curso en linea para enseñar inglés como lengua extranjera. Por supuesto dedico tiempo para hacer mis deberes de mi clase de español también, y lo hago con mucho gusto. Sé que ser un alumno es un lujo. No me puedo creer que hace un mes terminé mi trabajo como asistente de inglés, despidiéndose al pueblo, los profes y los alumnos que probablemente no vaya ver nunca.
No me quejo de nada y la verdad es que estoy muy contento. Me despierto a las 7 y media, desayuno y salgo a las 8 para coger una bici de la estación de biciMad, el sistema público de bicis en Madrid. Con la bici cuenta con trayecto a la universidad de veinte y pico minutos, dependiente del tráfico. Paso 4 horas asistiendo mis clases. Suena como mucho pero la realidad es que la última hora se enseña muy flojo y es más bien relajante. Vuelvo a casa con el metro y bus para evitar el sol abrasador, aunque me cuesta más tiempo. Almuerzo antes de meterme en la habitación y echarme una siesta con las persianas bajadas y el aire condicionado puesto. Sin duda es el momento más rico del día.
Al cabo de un rato me despierto y hago todas las cosas que ya he dicho, principalmente cosas relacionadas con el trabajo y estudiar. A las 7 dejo todo y intento olvidarme de cualquier preocupación. Voy al Retiro. Allí corro, hago ejercicio, dibujo, leo y veo a mis amigos. Lo más importante para mí es estar al aire libre durante las horas más bonitas del día, las que rodean la puesta del sol. Alrededor de las 10 vuelvo a casa a cenar y prepararme para el día siguiente. Una vida buena sin duda ninguna.